EL CULTURISMO COMO FORMA DE VIDA POLÍMATA

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POR Ignacio Arienza, desde España para MD Latino

Leonardo da Vinci es el mayor y más conocido exponente histórico de este concepto, aunque otros grandes nombres como Galileo Galilei, Miguel Ángel o Thomas Jefferson, han hecho justicia a esa forma de vivir la vida.

Según la RAE, la definición de polimatía es “sabiduría que abarca conocimientos diversos’’, por lo que un polímata “es aquella persona con grandes conocimientos en diversas materias científicas o humanísticas’’.

Leonardo da Vinci era, lógicamente, alguien con muchos talentos y oficios, entre los que se incluía la pintura, la anatomía, la arquitectura, la paleontología, las artes, la botánica, la ciencia, la escritura, la escultura, la filosofía, la ingeniería, la poesía o el urbanismo. Miguel Ángel, por otro lado, era arquitecto, escultor y pintor. El hecho de que ambos vivieran durante el renacimiento italiano, hizo que el concepto haya pasado a ser más conocido por el término ‘’hombre renacentista’’.

Lo que representa la polimatía está claro, ahora bien, ¿qué relación puede tener algo tan intelectual con un deporte de brutos como el Culturismo? Pues toda.

Para explicarlo, es importante diferenciar el concepto popular de culturista con el de culturista. Un culturista, según la percepción popular, es alguien que va a un gimnasio sin tener conocimiento alguno de los ejercicios que existen, su correcta ejecución o simplemente qué hacer en un gimnasio. Muchos acuden sin saber qué van a hacer, cómo lo van a hacer, cómo se hace, por qué lo van a hacer, qué esperan conseguir, etc… Piensan que simplemente por ir al gimnasio y hacer cualquier cosa como si fuera eso un parque infantil les va a aportar algo, que seguro que sí, pero lo que les va a aportar va a ser una hernia y cara de tontos. Salen de allí sin saber lo que acaba de pasar o lo que acaban de hacer, se van a casa y a saber qué comen. Pero eso sí, el gramo de testosterona a la semana y la dosis de trenbolona no se olvida (o sí).

Ahora, un culturista es alguien que controla cientos de factores y se ha especializado en todos para conseguir un objetivo ‘’x’’. Y es que, el culturismo son infinitos factores, algunos de los cuales ni somos conscientes que existen.

Hay que saber de anatomía (y bastante) para entender un cuerpo y saber así qué ejercicios irán mejor para según qué, cómo realizar esos ejercicios: en qué posición colocar los pies en una sentadilla para que no sea dañina, a dónde tiene que ir el codo en un curl de bíceps para que la tensión sea continua, cómo colocar los hombros en un press de pectoral para no destrozar el rotador, etc. Hay que saber planificar esos ejercicios en un orden coherente para conseguir el objetivo “x” basándose en experiencia personal y en estudio científico.

Lógicamente, extensos conocimientos de nutrición ya no sólo para cómo conseguir los objetivos, sino para cómo hacerlo de la mejor y más eficiente manera posible, manteniendo digestiones óptimas todos los días en todas las comidas porque sabemos qué alimentos nos van bien a cada uno gracias a experiencia previa, atención y estudio; cómo y qué hacer para poder rendir al máximo todos los días, no tener carencias de vitaminas o minerales, controlar la inflamación con el ratio Omega 3/Omega 6, evitar contracturas musculares, deterioros articulares, etcétera.

También, parte muy importante y muy extensa, es la de la farmacología deportiva. Qué compuestos usar, cómo usarlos, en qué dosis usarlos y durante cuánto tiempo. Contestar estas preguntas, no requiere sólo de una comprensión de los compuestos, sino de cómo actúan en el organismo, con qué receptores interactúan, qué efectos secundarios esperar o cómo contrarrestarlos entre otras cosas, esto en medicina se llama Endocrinología.

En palabras del famoso Dr. Hernández, gracias a los culturistas, la medicina hormonal ha avanzado muchísimo más de lo que habría avanzado sin ellos. Esto se debe a que siempre han sido y somos, estudiosos del cuerpo humano, conscientes del funcionamiento de las distintas hormonas y cómo manipularlas para conseguir el objetivo ‘’x’’ sin causar daños o efectos secundarios, un proceso de comprensión que ha llevado años y años de prueba y error hasta llegar al punto de conocimiento actual. Conocimiento que ha derivado y sido responsable de la aparición de todo tipo de terapias hormonales saludables modernas como el remplazo de testosterona en hombres mayores (TRT).

Otro componente es el de la Psicología, ya que no es nada sencillo “encender” esa intensidad y acceder a ella todos los días, ser capaz de mantener la postura y seguir con la perfecta ejecución del ejercicio cuando todo en nuestro cuerpo nos grita lo contrario. Es un control mental y una capacidad de sufrimiento sobrehumana a la que el 99% de la población no está expuesta nunca.

Hay incluso culturistas avanzados que nunca han estado expuestos a ellos porque nunca han visto la necesidad, bien por una genética privilegiada que les permitía progresar sin necesidad de llegar a ese punto o bien porque nunca se han exigido llegar a ese punto. El caso es que es una capacidad mental impresionante que sólo se ve realmente en el Culturismo.

En palabras de Hany Rambod (preparador con 19 Olympias a sus espaldas) el entrenamiento del culturista se basa en la violencia controlada. Hay que saber qué es la intensidad, vivirla, sufrirla y estar lo suficientemente loco como para entrar en esa dolorosa zona todos los días durante el tiempo que sea necesario sin cambiar q milímetro la ejecución del ejercicio a pesar de que nuestro cuerpo busca mil formas de facilitar el ejercicio con trucos anatómicos: meter las rodillas en una prensa, subir el culo, balancearse en un curl de bíceps, sacar los hombros en un press de pectoral, arrugarse hacia adelante al hacer jalones… Todos los trucos anatómicos para facilitar el movimiento; si no se sabe, no se lucha contra ello, por eso en cualquier gimnasio que entréis en cualquier momento del día, veréis todas esas cosas que acabo de decir.

Podríamos hablar de otros conceptos como el dominio de los tiempos de descanso, el control del estrés o la capacidad para aislarse del mundo a las 12 semanas que suele durar una preparación de competición, para centrarse exclusivamente en un objetivo, sin salirse del plan 1 milímetro (otra cosa de la que la sociedad actual no sabe demasiado), pero para expandir las áreas de conocimiento más allá de las ciencias naturales vamos a hablar del arte.

La diferencia principal entre una ciencia y un arte es que una ciencia es una verdad absoluta en la mayoría de casos con ciertas excepciones y desviaciones, mientras que un arte es algo subjetivo y personal, no hay normas o verdades.

Cuando un culturista sube a una tarima y presenta su trabajo, puede hacerlo de 2 formas: haciendo las poses obligatorias como un robot sin ninguna gracia ni estilo y sin haber trabajado en las transiciones o puede crear una rutina perfectamente sincronizada con su música con poses creativas y transiciones artísticas, creando un espectáculo visual sin dejar de presentar su físico.

La rutina de poses dice mucho de un atleta, si presta atención a los detalles y realmente se relaciona con su trabajo o si simplemente hace lo obligatorio y no va más allá. En otras palabras, puede ser un arte o no.

Algún ejemplo de rutina artística sería por ejemplo la de Terrence Ruffin en el Olympia 2020

O la de Sergio Oliva Jr. en el Arnold Classic 2020

Y alguna clásica sería cualquiera de Lee Labrada o de Bob Paris. Un tercer tipo de rutina muy curioso que también os recomiendo ver son por ejemplo las de King Kamali, ni arte ni lo otro sino puro espectáculo para entretener al público

O Vince Taylor

EN CONCLUSIÓN:

Un buen culturista debe ser deportista, anatomista, nutricionista, químico, psicólogo y artista, pero sobre todo, debe ser un loco…